Héctor Rodríguez

Esta semana, mientras conversábamos con los vecinos de Chacao, recordamos algo más que una frase “Todos a una, como Fuenteovejuna”. Realmente se trató de una de las obras de teatro basada en la gobernanza municipal. Tiene cuatro siglos y su autor fue un español llamado Lope de Vega.

Chacao es uno de los cuatro municipios más ricos del estado Miranda. Tiene menos de 400 mil habitantes y una densidad de 30 personas por kilómetro cuadrado. Es pequeño en territorio pero poderoso económicamente. Tiene cinco o seis grandes centros comerciales. Es la sede de los principales bancos privados.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, Chacao tiene una mayoritaria población adulta, aproximadamente 13 mayor que el promedio nacional. El déficit de servicios públicos es sólo del 0,31% y la pobreza extrema es del 0,22%.

Sin embargo, en el 2017 fue el centro mediático de los grandes disturbios, la violencia política y la agitación social. La destrucción de los espacios públicos fue dramática, y las imágenes de enfrentamiento con las autoridades salieron de este municipio y se proyectaron en el mundo.

Pero, como se puede ver, los que sufrieron las consecuencias fueron los mismos vecinos, por una batalla que se libró en su espacio. Hoy en día, la idea es que cada uno ponga en la mesa su potencialidad para reconstruir una forma de vida próspera, como fue durante mucho tiempo.

Y eso no le va a venir ni por vía decreto, ni por imposición externa.  Esa prosperidad debe ser el resultado del aporte de todos.  El enemigo común es el egoísmo.  Lo planteábamos en la asamblea comunitaria.

Se requiere de sus mejores muchachos, de los más honestos, para integrar el sistema de seguridad.  Se necesita para regresar a una comunidad de mutua colaboración, de apoyo entre vecinos, de acompañamiento mutuo, desterrando el aprovechamiento de situaciones críticas.  

Recordemos que el familiar más cercano realmente es el vecino.  Y en un urbanismo de estructuras bajas, de ambientes familiares, la camaradería, el compromiso con el otro, el encuentro permanente es la mayor riqueza de Chacao.

Allí se tiene una estructura de apoyo por parte de las autoridades municipales, y una población  básicamente clase media. Numerosos profesionales, gente instruida y formada. Un intelecto y una capacidad que permite una mayor posibilidad de integración en función del bien común.

Dice una máxima maoista: “Cada quien de acuerdo a su capacidad, y a cada quien de acuerdo a su necesidad”. Eso significa que cada uno de nosotros tiene conocimientos, capacidades y cualidades que podemos aportar a la comunidad para mejorar nuestra calidad de vida. Y, en contrapartida, cada uno de nosotros obtendrá lo que requiere para vivir mejor. Por ejemplo: respeto, condescendencia, solidaridad. Por ejemplo, en el casco central, la parte histórica de Chacao, hay muchas personas de la tercera edad que requieren compañía, la certeza de no estar solos,  apoyo incondicional.

Esta es una comunidad donde todos se conocen, incluso hay empatía, y mucha vida en común. Eso es una riqueza social invaluable. Es historia y tradición que se debe reforzar, consolidar y acrecentar.

En tal sentido, todos somos responsables para lograrlo. Como Fuenteovejuna, cuando se trata de accionar, lo debemos hacer todos a una: juntos, solidarios, hermanados.

La equiparación social del municipio nos permite avanzar juntos, aportando ideas, aportando la experiencia en el ámbito comercial, en las iniciativas socioeconómicas. Además se trata de un municipio que recibe a diario millares de personas de distintas zonas, y eso marca un bienestar económico que debe permear en forma piramidal.

Chacao, como parte importante del estado Miranda, tiene un potencial enorme. Como cada Municipio del estado, está incluido en los planes de desarrollo para alcanzar el bienestar y la prosperidad que necesita Miranda para mejorar la vida de sus ciudadanas y ciudadanos.