Caracas, 30 de septiembre de 2018.-La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace”, señaló en más de una ocasión Steve Jobs, fundador de una de las empresas informáticas más importantes del mundo.

Esto se puede complementar con una idea del filósofo de la antigua Grecia, Aristóteles, quien insistía en que “somos lo que hacemos cada día. De manera que la excelencia no es un acto, es un hábito”.

En esto reflexionaba esta semana mientras realizábamos unos microconversatorios con la familia educativa de la Escuela Estadal Policarpo Ferrera, ubicada en Charallave, municipio Cristóbal Rojas, con la participación de la Policía de Miranda, Protección Civil y los Bomberos de Miranda.

Hablábamos del derecho a la educación, lo cual conlleva no sólo la oportunidad de poder asistir a un aula de clase y tener unos docentes, sino también se incluye el equipamiento (libros, uniforme y hasta la canaimita) y una garantía de alimentación, así como el transporte que posibilite el ir y venir entre la institución y el hogar.

También en ese derecho se debe incluir la seguridad ciudadana, para que el niño esté y se sienta protegido, con la garantía de que podrá tener una vida sin sobresaltos y alejado de la violencia.

Obviamente, ese derecho integral nos obliga a todos los servidores públicos, desde los administrativos hasta los efectivos, a realizar nuestra tarea con una gran vocación de servicio.

A nosotros nos corresponde gestionar los recursos económicos y logísticos para posibilitar que los bolsos educativos lleguen a cada escuela con prontitud, puntualidad, completos y debidamente personalizados.

También nos establece que los planes para el mantenimiento de la infraestructura se cumplan al dedillo, con un cronograma que no permita dilaciones.

Eso significa hacer los enlaces, garantizar los insumos, cumplir con las fechas y, por encima de todo, supervisar con efectividad para que todo se ejecute de la forma más transparente y efectiva posible.

Allí contamos no sólo con las y los docentes, quienes son el rostro directo que atienden a los niños y niñas, también están los padres y representantes, al igual que el resto de la comunidad.

Esos pequeños son responsabilidad de todos. Allí el único negocio es garantizar un futuro individual y colectivo brillante, como aval de un mañana mejor.

Vale decir, mientras más corazón le pongamos a nuestras responsabilidades, a nuestro quehacer  diario, mejor nos va a salir la tarea, y mucho más orgullosos vamos a estar todos.

Cuando esa niña se convierta en médico, o el otro en un atleta destacado, ésta en una artista  sin igual y aquel en un modelo como padre, habremos cumplido con nuestro deber.

Cuando no haya niños maltratados, cuando lleguen a tiempo a su escuela, o regresen sanos y salvos a su casa, cada uno de nosotros (funcionarios de la gobernación y de la alcaldía, agente policial, bombero, enfermera o médico del módulo, chofer transportista) estaremos orgullosos de nuestra misión.

La única manera de hacer un gran trabajo es haciéndolo con un gran amor.

¿Y los niños? Ellas y ellos también tienen una obligación, estudiar para aprender, aportar con su esfuerzo e interés.

Necesitan compartir porque el mundo del mañana cercano, el que está a la vuelta de la esquina, va a ser más exigente con cada uno de nosotros.

No se trata de competir, se trata de ser solidarios, de aprender a compartir, a preocuparnos los unos por los otros. Ello garantizará que si la comunidad está bien, cada uno de nosotros, de nuestros hogares, también estará bien.

Recordemos que somos lo que hacemos cada día, y si lo hacemos bien, si le ponemos corazón, por pequeño que nos parezca, nuestro aporte sumado va a ser maravilloso, porque cada ramita sola es fracturable, pero todas juntas forman un conjunto macizo, indestructible.

Y entonces, eso de hacerlo bien, de dar lo mejor de nosotros mismos en cada acción, en cada palabra, en cada gesto, terminará por convertir los logros, el éxito, en el resultado de un hábito, de una forma correcta de hacer las cosas.

Sólo así podremos estar orgullosos de nosotros y de los demás, sólo así podremos llamarnos familia, comunidad, camaradas en este viaje que es la vida, hacia una Patria fundada en valores como la justicia, la equidad, la corresponsabilidad, la integración y, principalmente, el amor. /XN