Caracas, 24 de junio de 2018.- El imperialismo, existe y mata, escribió Eduardo Galeano escritor nuestro americano. Y humilla a la humanidad, agregamos nosotros.

Las atroces imágenes de niños y niñas en jaulas de “retención”, en territorio de los Estados Unidos de América, son la brutal expresión de un sistema supremacista que animaliza al resto de los seres humanos, a los que no son ellos, a los diferentes, a los que considera nadie.

Las elites racistas en su afán de negar la existencia de otros seres humanos, diferentes a sus parámetros físicos y culturales, siempre encuentran una “solución final”. Soluciones finales fueron los millones de seres humanos esclavizados y martirizados por el colonialismo en los territorios invadidos; los hornos de cremación en los campos de concentración nazi; los vuelos de la muerte en la dictadura de Videla en Argentina; los falsos positivos en Colombia y ahora las jaulas con niños y niñas en territorio estadounidense.

A fin de cuenta, pensarán ellos, como dijera una vez el genocida Augusto Pinochet para exculparse de sus crímenes, “No se puede violar los derechos humanos de quienes no son seres humanos”.

La separación de niños y niñas de sus padres, es una violación abierta a la Convención Internacional de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes. Encerrarlos en jaulas, es un crimen de lesa humanidad.

Este crimen no ocurrió esta semana que termina, tiene años sucediendo. Sólo que la imagen “filtrada”, ha sorprendido a la gente buena de este mundo,  adoradores del “modo de vida americano” y ha dado pruebas a quienes luchamos por una auténtica humanidad, de que estamos enfrentando una amenaza racista que no podemos seguir subestimando.

La culta Europa y los Estados Unidos, autoproclamados garantes de los derechos humanos, después de provocar verdaderas “crisis humanitarias” sembrando de bandas terroristas a África y al Medio Oriente; y expoliando económicamente a los pueblos de México y Centro América, tienen en sus puertas a millones de seres humanos, clamando por los derechos que perdieron en sus países, caotizados por las intervenciones humanitarias.

La respuesta del capitalismo al caos que ha ocasionado, es volver a los campos de concentración de seres humanos o convertir el Mar Mediterráneo, la Franja de Gaza y la frontera mexicana, entre otros lugares del mundo, en la gran tumba de los pobres del Siglo XXI.

El imperialismo se muestra al desnudo como enemigo de la humanidad. ¿Quién sanciona a los imperialistas? Vaya doble rasero el de la llamada comunidad internacional. A eso nos enfrentamos los venezolanos y venezolanas todos los días.

Hoy es Carabobo, hace 197 años derrotamos militarmente al colonialismo supremacista en estas tierras benditas, con Bolívar al frente. Compatriotas, hoy nos toca librar la misma batalla.  Bolívar sigue al frente y nos obliga, como siempre nos recuerda el General Pérez Arcay, Maestro de nuestro Comandante Chávez.

Ahora tenemos que hacerlo desde las ideas, desde la innovación, desde la producción, desde una ética auténticamente humana que nos diferencie de los enjauladores de niños y niñas y que nos permita recuperar y expandir la estabilidad y la prosperidad que alcanzamos en la primera década de este siglo, bajo nuestro propio modelo socialista.

Tenemos que lograr que nuestra tierra y nuestra bandera cobije a todos los hijos e hijas de Venezuela. Que encuentren aquí las mejores condiciones para el desarrollo individual y colectivo. Por eso luchamos.

Hoy más que nunca resuenan las palabras de nuestro Comandante Chávez en las Naciones Unidas: “Huele azufre todavía”. Todavía el diablo del capitalismo anda suelto por este mundo y eso nos obliga a los y las militantes de la causa socialista, a unirnos y a redoblar nuestros esfuerzos para lograr, como cantaba Alí Primera, que sea humana la humanidad.