(Foto: Archivo Prensa Presidencial).

Caracas, 12 de agosto de 2018.- El magnicidio es la muerte por métodos violentos de una persona que detenta un cargo de poder político. El atentado con explosivos, ocurrido el pasado 4 de agosto de 2018, contra el Presidente de la República Nicolás Maduro Moros, las altas autoridades del Estado y los ciudadanos y ciudadanas, civiles y militares, presentes en la conmemoración del aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, sin duda alguna es un intento de magnicidio en grado de frustración y un hecho aberrante, el cual repudiamos categóricamente.

Explotar aeronaves no tripuladas (Dron), cargadas de explosivos, frente al Presidente de una Nación es un acto terrorista, un intento de magnicidio sin lugar a interpretaciones. La confesión de los autores materiales y la evidencia recolectada lo confirman. El gozo, la reivindicación del atentado o el silencio de muchos actores y voceros políticos de la derecha internacional y nacional señalan el camino hacia los autores intelectuales.

Esos mismos actores políticos son los que han venido repitiendo desde hace meses que “no hay salida electoral”; que “Maduro tiene que ser salir como sea”; que “el fin de Maduro está cerca”; que “hay que usar todas las formas y medios”, entre otras aseveraciones temerarias. Corresponderá a las autoridades competentes determinar y castigar, en el marco de lo previsto en nuestra Constitución y en las leyes, a los y las responsables materiales e intelectuales de este atentando criminal.

Quiero recordar que, en un artículo anterior de fecha 7 de julio de 2018 titulado “Nuestra Patria Venezuela” y luego en una entrevista televisada con José Vicente Rangel el pasado domingo 29 de julio de este mismo año, me había referido al peligro que supone la subordinación a la oligarquía bogotana, de algunos dirigentes opositores nacidos en Venezuela.

Entre otros y otras denunciamos a Julio Borges como un empleado servil de Juan Manuel Santos. Advertimos que desde Bogotá se alentaba una guerra civil en Venezuela, con la colaboración de dirigentes contra revolucionarios nacidos en nuestra Patria, en función de culminar el proyecto de expansión sobre nuestro territorio, iniciado a mediados del siglo XIX por la oligarquía colombiana.

Por otra parte, en nuestra historia claro está que siempre ha sido la derecha la que ha intentado o ejecutado el asesinato de presidentes venezolanos. Fueron los sectores más retrógrados de la oligarquía de Bogotá, que hoy siguen gobernando allá, liderizados entonces por Francisco de Paula Santander, los que intentaron asesinar a nuestro Padre Simón Bolívar, Presidente en ejercicio de Colombia, el 25 de septiembre de 1828. Fue un grupo de derecha, liderado por Rafael Simón Urbina, rabioso anticomunista, el que asesinara a Carlos Delgado Chalbaud, Presidente nacionalista, progresista, el 13 de noviembre de 1950.

Fue la corriente militarista “fascistoide”, la que ha llenado de muerte y dolor a los pueblos de nuestra América latina y caribeña, liderada en aquel momento por el dictador Dominicano José Leónidas Trujillo (Chapita) la que realizó un atentado, con ejecutores nacionales provenientes de las filas de la derrocada dictadura de Pérez Jiménez, haciendo explotar un carro bomba en el paseo Los Próceres, el 24 de junio de 1960, contra el Presidente de Venezuela Rómulo Betancourt, hiriéndolo a él y a sus colaboradores cercanos. Ocasionando la muerte de uno de sus edecanes militares y un transeúnte.

Es esa corriente “fascistoide”, instalada en nuestra región por el imperialismo norteamericano para mantener subordinada a nuestra América, la misma que ha asesinado a decenas de miles de dirigentes y activistas revolucionarios, patriotas y populares. Es la misma corriente asesina, que desarrolló varios planes frustrados de magnicidio contra nuestro Comandante Chávez, la que sin duda planificó, financió y ejecutó el atentado fallido contra el Presidente Nicolás Maduro.

Sobre este tema quiero reivindicar a la izquierda venezolana. Jamás, la izquierda a la que pertenecemos, ha apelado al atentado personal contra ningún Presidente.  Es verdad que cuando nos ha tocado, hemos asumido la lucha armada con valentía y cuando el pueblo venezolano ha ejercido el supremo derecho a la rebelión popular ahí hemos estado, a la vanguardia, pero nunca hemos apelado a la cobardía del atentado personal.

Los revolucionarios venezolanos y las revolucionarias venezolanas no concebimos nuestra lucha desde el odio contra una persona.  Luchamos contra un sistema de opresión y exclusión de las grandes mayorías, el capitalismo. Nosotros luchamos por una sociedad donde quepamos todos y todas con igualdad, libertad, justicia y dignidad humana. Una sociedad socialista.

Finalmente, quiero reiterar mi solidaridad como camaradas, como seres humanos a Nicolás Maduro y a todos los y las compatriotas presentes en el acto donde ocurrió el vil atentado del sábado 4 de agosto de 2018.

Dios nos protege, Dios protege al pueblo bendito de Venezuela que tiene derecho a vivir en paz y a recuperar una vida prospera, llena de futuro. Amén.

Compatriotas que me leen, a quienes agradezco tanto que compartan la batalla de ideas que intento motivar a través de estos artículos semanales, quiero informarles que haremos un receso en nuestros escritos durante el resto del mes de agosto. El primer domingo de septiembre de este 2018, nos encontramos otra vez en estas líneas. Dios mediante. / ZG